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domingo, 15 de mayo de 2016

Violencia doméstica: ¿Cómo funciona el cerebro de un maltratador?

La violencia doméstica es una lacra social que nos encontramos en todas las culturas, países y estratos sociales.

La  violencia  doméstica es una lacra social que nos encontramos en todas las culturas, países y estratos sociales. Aunque las mujeres también pueden ser las que infligen los malos tratos, son de forma más habitual las víctimas. Según la OMS (2002) y tras revisar diversos estudios, entre el 10% y el 69% de las mujeres encuestadas reconocieron haber sido agredidas físicamente por su pareja masculina en algún momento a lo largo de sus vidas. Está claro que con estos datos, la violencia doméstica es un problema a nivel mundial que requiere atención por parte de las instituciones y también, por qué no, del ámbito más científico.
 En este sentido, se llevan a cabo investigaciones que intentan comprender y explicar qué es lo que lleva a un ser humano a agredir a aquellos con los que convive. Entre otras cosas, parece que el funcionamiento cognitivo de los agresores domésticos podría ser distinto del de las personas no violentas, con especial relevancia de lo que conocemos como funciones ejecutivas. Una de esas investigaciones se ha realizado en la Universidad de Jaén, en España.
En esta investigación se comparó el rendimiento en una prueba de funcionamiento ejecutivo de un grupo de maltratadores domésticos con el obtenido por otros grupos de delincuentes: sexuales, violentos y no violentos. También se incluyó un grupo control compuesto por participantes no delincuentes. La tarea evaluada se conoce como Trail Making Test y tiene dos partes. En su parte A, el individuo debe trazar una línea continua que una los números del 1 al 25 presentados desordenados y dentro de sendos círculos en una hoja de papel. En la parte B, se presentan círculos con números o letras y la actividad requiere ir uniendo de forma alterna cada número con su letra correspondiente alfabéticamente hasta llegar al último elemento.
Los resultados, recientemente aparecidos en la revista científica Medicine, Science and Law(2015), mostraron que, efectivamente, los agresores domésticos presentan un funcionamiento ejecutivo alterado. Tanto ellos como el grupo de agresores sexuales necesitaron más tiempo para completar la parte B del test. Por otro lado, el grupo de agresores violentos mostró más errores en esa parte de la prueba, entendidos como más fallos en el control de la impulsividad.
Lo que el autor concluye es que los datos parecen sugerir que tanto los agresores domésticos como los de tipo sexual parecen mostrar más problemas en la flexibilidad mental y el control ejecutivo, lo que podría explicar en parte las interrelaciones que existen entre estos tipos de violencia. La flexibilidad mental es lo que nos permite, por ejemplo, ajustarnos a los cambios e imprevistos, o poder tomar diferentes puntos de vista ante una situación o problema. Esperemos que todos estos conocimientos sirvan para poder trabajar mejor con estas personas y sus familias, y sobre todo para poder prevenir en lo posible este tipo de comportamientos tan aberrantes.

viernes, 25 de diciembre de 2015

La felicidad no alarga la vida (la salud, sí)



Existe una creencia muy extendida que dice que las personas felices son más longevas, incluso algunos estudios han tratado de demostrar científicamente esta relación. Sin embargo, las cosas no son tan claras. Todo indica que no es la infelicidad lo que acorta la vida, sino la mala salud y factores de riesgo como el alcohol y el tabaco los que acortan la vida de las personas infelices. 

Para aclarar la conflictiva relación entre felicidad (o infelidad) y riesgo de mortalidad, un estudio británico ha analizado los datos de un millón de mujeres (participantes del llamado UK Million Women Study) incluidas en el trabajo desde 1996 hasta 2001. Sus conclusiones se acaban de publicar en la revista The Lancet.



El análisis principal se realizó con 700.000 mujeres, con una media de 59 años, a las que se hizo un seguimiento de una década, con cuestionarios que medían, entre otras cosas, su felicidad y satisfacción vital. Durante los 10 años de estudio, 30.000 de ellas fallecieron.

Después de tener en cuenta factores sobre el estilo de vida de las participantes, los datos arrojaron una conclusión clara: la tasa de mortalidad era idéntica entre mujeres felices e infelices. Una observación que se repitió tanto para la mortalidad en general, como para causas específicas, como cáncer o enfermedad cardiovascular.

Uno de los autores principales del trabajo, el doctor Sir Richard Peto, de la Universidad de Oxford (Reino Unido), explica que, a menudo, al hablar de felicdad y mortalidad se confunden causa y efecto. “Claro que las personas con una mala salud son más infelices, pero este estudio demuestra que la felicidad y la infelicidad, por sí mismas, no tienen un efecto directo en la mortalidad”.

Lo que el estudio sugiere es que hay ciertos factores que pueden causar infelicidad en las mujeres (como una mala salud), pero serían esos problemas y no la infelicidad per se la que aumentaría el riesgo de fallecimiento en estas personas.

De hecho, aclaran los científicos de Oxford, como ya han mostrado investigaciones previas, las mujeres que se autodefinían como más infelices en los cuestionarios solían tener peor estado de salud, eran fumadoras con más frecuencia y practicaban menos ejercicio físico que las más dichosas. A cambio, entre las que se mostraban más satisfechas con su vida solían ser mayores, más en forma, tener pareja, dormían bien, pertenecían a un grupo religioso y participaban en actividades sociales.

En particular, aquellas con algún problema de salud relacionado con la ansiedad y la depresión solían puntuar peor su propia salud y, en consecuencia, se mostraban menos felices.

En un comentario en la misma revista, Philipe de Souto Barreto e Yves Rolland, del Instituto del Envejecimiento de Toulouse (Francia), recuerdan que algunos estudios han demostrado que existen diferencias entre hombres y mujeres en el modo en que perciben la felicidad, pero también entre la asociación entre felicidad y mortalidad. Por eso apuestan por ahondar en estas diferencias en futuros trabajos, pero también porque se tengan en cuenta diferencias culturales.

A su juicio, además, en el futuro, los estudios sobre felicidad deberían poner el foco más en los indicadores de salud (por ejemplo, cómo influye en el desarrollo de demencia) que en la mortalidad propiamente dicha.

Fuente: Elmundo.com


martes, 22 de diciembre de 2015

6 claves para empezar de nuevo

Resultado de imagen de empezar de cero

1. Un pulpo y un garaje. Cualquier giro de guion exige un periodo de reflexión: aplícalo generosamente cual untuosa mascarilla capilar, pero... no te instales en él como si fuera una confortable chaise longue. Ahora estás perdida, sí, pero pasado un tiempo prudencial, saca la artillería pesada: talentos, encanto, experiencia... ¡sería un crimen desperdiciarlos! Apunta hacia un objetivo mentalmente motivador y... ¡dispara!
2. La batidora mental. Ya sabes lo que quieres hacer: volver a la universidad, ser madre, abrir un negocio, buscar empleo en otro sector... Tienes un objetivo capaz de moverte del sofá y ahora solo tienes que pasar a la acción sin perder un solo día, para perseverar, sigilosa como una pantera de Cartier. ¡Y no le des más vueltas! Solo conseguirás provocarte ansiedad. No esperes a estar bien para actuar: la ecuación funciona al revés, ¡actúa para sentirte bien!
3. Tictac, tictac. Estás sin novio y con el reloj biológico a punto de estallar: te agobias, pero te va a tocar relativizar. Sí, tu madre criaba hijos adolescentes a tu edad, pero hoy los treinta ya no son años de consolidación laboral o sentimental. ¡Ni los cuarenta! Y eso también es liberador. Cuestiona etapas impuestas, diseña las tuyas, no te enamores a la desesperada y si ser madre es prioritario para ti, valora la maternidad en solitario como una opción más.
4. Houston, tenemos un problema. Consuélate: nunca sufrirás como Escarlata O’Hara, capaz de reinventarse entre guerras, muerte y bailes con el más feo, y llorando mucho, eso sí. En otras palabras, que no te amilanen tus inseguridades ni las dificultades objetivas (a ver quién encuentra un trabajo fijo hoy). Planta cara a tus miedos y a los mantras con los que te sueles boicotear (“cómo voy a hacer eso”, “no podría”, “es tarde ya”...). ¡Envalentónate!
5. Mi madre me mata. En el despegue desde el cero patatero –nunca es tal, siempre partes de tu experiencia–, la clave la tienes tú. Pero la tajada es sabrosa, y amigos, primos, madres bienintencionadas y demás familia pueden lanzarse vertiginosamente en picado a opinar. Con la mejor intención, seguro. Pero vuestros intereses pueden no coincidir. Avanza de forma autónoma: eres tú quien elige hacia dónde vira tu vida.
6. Alerta naranja. Si tu chico te ha plantado, así, a bocajarro, activa el plan B de emergencia posruptura: es costoso, pero infalible. Acepta el dolor, pero evita, ¡ay!, la autocompasión y las conductas destroyer; aprovecha para vértelas sola (nunca está de más), activa la autocrítica (aprende, no te culpes), disfruta de gustos, aficiones e incondicionales... y vuelve al mercado más madura y tranquila: está rebosante de personas interesantes que descubrir.
Referencial: Revista Ana Rosa Quintana